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Mirando al espejo de EEUU

Revisando algunos datos ofrecidos en ferias de seguridad en Estados Unidos (EEUU) -que, como suele ser habitual en esto de la tecnología, camina un par de pasos por delante de nosotros- hemos descubierto que al menos el 50% de las grandes instalaciones de videovigilancia en empresas -entendidas por éstas aquellas que superan las las 32 videocámaras por instalación- hacen uso de sistemas de videovigilancia IP. Los sistemas analógicos se han quedado anclados en las instalaciones menores, dominando hasta el 80% de las instalaciones que se mueven por debajo de las 16 videocámaras.

Si el pasado martes comentábamos cómo la crisis ha propiciado el nacimiento de cursos de reciclaje y especialización en tecnología de videovigilancia -haciendo crecer al mercado- hoy tenemos que fijarnos en la crisis como otro de los motores de crecimiento de este mercado: no sólo por el temor al incremento de los hurtos en comercios, por ejemplo, sino por la reducción en las plantillas de personal de seguridad.

En este contexto, cada vez más empresas aprovechan las bonanzas de la tecnología IP para ‘jugar’ con todo el abanico de aplicaciones de seguridad, es decir, no sólo sacar partido del vídeo, sino también del control de acceso o de la gestión de identidades. Entre los factores que mueven a las compañías a dar el salto a la tecnología digital destacan el Coste Total de Propiedad (TCO), movidas por el cada vez más extendido ‘hacer más con menos’; la alta definición con relaciones calidad/precio muy razonables; o la cada vez mayor capacidad analítica del software de gestión que llega a lograr que a penas un 2% del todo el video almacenado sea realmente visualizado alguna vez. La inteligencia analítica del software da lugar a estas situaciones de optimización que, hace tan sólo un par de años, parecían remotas.

Asimismo y en clara alusión al post anterior, el incremento en el número de expertos gracias a la proliferación de programas de formación y, sobre todo, de certificación, ha jugado también en el mercado norteamericano un papel clave. Ahora comienza a suceder en nuestro país, pero será un proceso más de medio plazo que de corto. Con todo, parece innegable que la certificación será básica para terminar de asentar esta tecnología en la empresa -que aún mira confiada a los despliegues CCTV a pesar de las grandes limitaciones de éstos-, pues ese sello de calidad otorga unas garantías y una tranquilidad a los clientes nada despreciables. Y ahí el papel de los fabricantes es fundamental, puesto que ayudar a sus partners a conseguir la certificación contribuirá decisivamente a alcanzar la madurez en el mercado. En este sentido, ya hay proveedores que presumen de haber certificado a más de 12.000 técnicos en tecnología IP.

Así, Videovigilando se ha topado ya con previsiones que hablan de un mercado IP actual de 2.500 millones de dólares, a uno de 25.000 millones para el 2020. No pierda el tren.

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